PANDEMIA


El confinamiento ha sido un espejo, una parada para mirarnos dentro, sin prisa, como seres humanos y como colectivo. Un espacio bisagra para cuestionarnos e incluso avergonzarnos; para valorar y despreciar la prepotencia que nos condena a una evolución involutiva ecológica y socialmente. Una oportunidad para quitarnos la piel del individualismo enfermizo que contamina y pone en peligro nuestra existencia como especie.